Te quiero España


Ya han pasado 6 días desde la noche más maravillosa, emocionante y feliz de la historia de nuestro país. Los media evolucionan con tanta rapidez (redes sociales, blogs, webs y m convencionales), que dar algún tipo de primicia o adelanto informativo carecía de importancia. Ha merecido la pena disfrutarlo, vivirlo, sentirlo y digerirlo durante un tiempo al menos. Ha sido, como bien decía Vicente Del Bosque, una tremenda exaltación patriótica la que ha explotado durante esta semana, y pocas palabras pueden describirlo.

El Mundial de fútbol, con el paso del tiempo, se ha convertido en el evento más trascendente del planeta deporte. La expansión del fútbol por todos los continentes, la pasión que despierta este deporte en cada región, y el tremendo negocio que ha generado durante las últimas dos décadas, ha hecho de la Copa del Mundo el trofeo más anhelado por todos los países. La exclusividad del evento, (sólo pueden participar 32 afortunados y se juega cada 4 años), dota al campeonato de una singularidad y valor sin parangón alguno. El latido de todos los corazones del país pone en jaque la vida cotidiana, cada partido, cada celebración supone un momento extraordinario, paréntesis en el tiempo, una prueba a nuestros límites. Si fracasas, la tristeza inunda las calles, las casas, y si ganas, la sensación de orgullo invade a todo un país, pues tu bandera ya es la del mundo. Todo es exponencial si se trata de fútbol. Desde sus inicios, otros países como Brasil, Italia o Alemania ha contado con el respeto de la prensa especializada, han copado todas las portadas, y se han erigido  en los grandes referentes de este deporte. España, un país de extremos, dividido en su mayoría en casi cualquier situación, ha padecido casi siempre el victimismo-pesimismo en las grandes citas. Nos hemos sentido menores, pequeños, diferentes en el mal sentido, empequeñecidos por las victorias del vecino, pues la falta de unidad, y la carencia de fe, nos ha hecho débiles. Ahora, en este nuevo siglo, con la explosión de una generación excepcional que ha roto barreras en casi todos los deportes punteros, todo ha empezado a cambiar rápidamente, hemos empezado a querernos un poco más, ha sentirnos más capaces, ha creer que podemos mirar de tu a tu a cualquiera, pero sólo nos faltaba arrancarnos esa espina que nos revolvía por dentro, estar en el cielo del deporte rey, la línea final del guión que le daría sentido a todo por lo que estábamos escribiendo.

España es campeona del mundo, lo hemos conseguido, somos la mayor potencia en el deporte más importante y universal del panorama mundial. El 11 de Julio de 2010 será para siempre el día en el que España levantó la cabeza, el año en el que todos nos sentíamos inmortales compartiendo un mismo escudo. ya no temeremos jamás, pues el límite que nos marcaba el miedo lo rompió alguien como nosotros, alguien que nació con la derrota, pero que creció en la creencia de cambiarlo todo, de ser diferente, de levantar la moral de millones de personas, alguien que rompió contra la red el balón que nos hacía tocar el Olimpo.Ya nunca  dejaremos de ver el gol de Iniesta, de recordar el partido contra Alemania y de emocionarnos con el instante en el que Iker Casillas levantaba el trofeo más bonito y valioso que se puede poseer, la Copa del Mundo. Gracias a ese grupo de futbolistas, a esta generación brillante, la camiseta roja de la selección nos hace ser mejores a todos y cada uno de los españoles, nos hace sentirnos orgullosos de ser parte de este país, y eso, por desgracia, es algo que a muchos les ha venido de nuevo. Ser español, como decían algunos, ya no es una excusa, es un privilegio.

Durante un par de días, todo el planeta miraba hacia aquí, muchos con envidia y otros con admiración. Ser el foco de todo, y serlo para bien, es algo a lo que les estaba permitido sólo a algunos, nos seguía viniendo grande. Ahora podremos gritarlo y demostrarlo, que el pueblo español es un pueblo ganador, somos gente que luchará por estar en lo más alto, porque el fútbol, eje conector de todo el país, influye en el modo de vida, en la personalidad, en la confianza y en el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos. Creible o no, el mundo parece ahora mucho más bueno y justo que hace unos meses.

Los problemas económicos y sociales siguen ahí, no han desaparecido, porque están en otro nivel y se desarrollan y evolucionan de manera diferente y ajena al deporte, pero quizás ciertos sentimientos, prejuicios y confrontaciones morales se pueden limar y cambiar gracias a este tipo de victorias, gracias a triunfos comunes, que nos envuelven a todos, haciéndonos partícipes del éxito.

No lo dudes, saca tu bandera a la terraza, ponte la camiseta roja cualquier martes, es momento de sentirnos fuertes y de seguir siendo los mejores, porque todo este esfuerzo, todo lo que nos están dando el fútbol español, el baloncesto Gasol-selección, Nadal, Alonso o Contador, no puede ser efímero, debe tener su línea de continuidad en el tiempo, porque si no, el verdadero significado de este cambio no se habrá completado. Ya se sabe, seguir en la cima, es lo más difícil, pero hay que intentarlo.

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2 thoughts on “Te quiero España

  1. Yo también te quiero, España 😀
    Seguro que fue un pasón vivirlo allí donde estuvieras
    Un abrazo fuerte tiaco

  2. Pingback: Inmortales | Ración Individual de Personalidad

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